El Gato
Eternas son las sombras que me persiguen, en cada momento acechan mi alma y mi mente privándome de la paz. En los momentos de mayor plenitud, de verdadera felicidad, ahí es cuando más duro golpean quebrando esta ya frágil mente, sumergiendo aún más la psiquis en un tenebroso y fétido abismo de soledad.
Todo comenzó la noche del 30 de mayo, corría el año 2012 y el clima sociopolítico del país era más frío que aquella penumbra de otoño, mientras que la situación mundial seguía profetizando un fin cada vez más cercano, paralelamente a la supuesta profecía maya. Estaba yo dormido pacíficamente en mi cama cuando el sonido de una sirena de patrullero me despertó. Me pregunté qué habría pasado, no era común escuchar un patrullero en ese lugar tan recóndito del barrio.
Era un barrio común y corriente dentro del conurbano bonaerense: pocas calles asfaltadas, inseguridad, guerras de tranzas y pobreza. Lo que lo diferenciaba era el parque industrial, del cual arrojaban desechos al arroyo que lo separaba de las casas de aquel barrio desapercibido.
Cuando me acomodé de nuevo para continuar durmiendo sentí que algo se movía dentro de la oscura habitación, por un momento tuve miedo, pero pronto me convencí de que era mi imaginación, ya que estuve leyendo un viejo libro que mi recién fallecido abuelo guardaba en un cofre, al que tuve que abrir rompiendo el candado porque nunca apareció la llave. En ese cofre, que me dieron como parte de la herencia, habían notas en hojas sueltas, artilugios indescriptibles y varios libros, entre ellos ese maldito libro prohibido, capaz de destrozar las mentes de quienes se atreven a leerlo sin estar preparados.
Me levanté a tomar agua, al pasar por el helado pasillo y encender la luz pude ver una criatura semejante a un gato; sólo que mucho más robusto, sin orejas ni cola, totalmente calvo y lo que más destacaba eran los gusanos verdegrisáceos que sobresalían de su cuello. En ese instante me paralicé y pude reaccionar recién cuando aquel gato comenzó la huida hacia el baño, lo perseguí con intención de analizarlo más de cerca, creyendo poder descifrar qué era en realidad. Pero al entrar al baño se había desvanecido. Intentando convencerme de que era mi imaginación, volví a la cama con una mezcla de miedo, curiosidad y fascinación por el ser que acababa de encontrar.
Una noche posterior al curioso hecho, estaba leyendo el mencionado libro maldito bajo la tenue luz de mi cuarto. El viento soplaba ferozmente contra los árboles causando un peculiar sonido hipnotizante que me sumergía aún más en aquellas páginas llenas de conocimiento y horror. Leía recurriendo a las notas de mi abuelo, pues algunas explicaban de manera sencilla las páginas inentendibles; otras notas hablaban de experimentos y rituales horripilantes. En esas hojas sueltas encontré un dibujo de aquel gato que tenía grabado en la memoria, llegué a preguntarme si realmente lo ví o solamente fue producto de mi inestable mente al estar ojeando las cosas ocultas del abuelo. En verdad lo ví, hasta sentí el hedor que emanaba, no había manera de que mi mente invente un olor que jamás había sentido.
Hasta acá, el primero de los acontecimientos que lentamente fueron aislándome y hundiéndome en la locura.
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